Proponer y no imponer

A veces hay más rabia que amor.

Pero es que hay rabia por que hay amor.

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Vivimos en una sociedad que ha sido superada por la sobreinformación, donde la ignorancia ya no es por falta de educación sino por la comodidad de no tener que pensar un poquito más de lo que a diario entretiene o condena a nuestra mente.

El alcance de la información está a un click de distancia, sin embargo la gente espera obtener todo de forma automática, prefieren no leer un renglón más arriba de donde sus ojos se fijan para interactuar y tener alguna participación – opinión acerca de algún tema, por más que no tengan idea.

Las personas piensan que las problemáticas empezaron a existir cuando ellas las descubrieron, ignorando la larga data de lucha, sobre todo en las situaciones que abarcan los derechos humanos. No es de ahora, es de siempre, solo que evolucionan las formas y las generaciones cambian.

Vivimos en una sociedad que cree que no existe el calentamiento global, que la destrucción del medio ambiente solo es un obstáculo para el desarrollo, o que da cabida al fascismo a veces sin darse cuenta porque no saben interpretar conceptos, pero muchas veces porque la gente está dañada y no tienen la capacidad de resolver sus pedos mentales.

La gente prefiere no ser conciente de sus decisiones, para no tener que hacerse cargo de sus acciones.

No dejemos que nuestras ideas nos quiten la racionalidad y pragmatismo en el mundo que vivimos. Si decimos que estamos en contra del individualismo por que les parece que sus acciones están llenas de odio, no nos convirtamos en precisamente en eso en el afán de apuntarlo. Que nuestro estilo de vida esté libre de dogmas.

No importan ya los costados políticos, porque nos han demostrado que el poder es miel tanto la derecha como la izquierda. El veneno que emana es el mismo en la gente. En los libros se habla de sociedades perfectas, en la TV también, la realidad solo es para quien está en el lugar y puede ser apabullantemente lo contrario a lo esperado, en todo caso tiende a ser peor. Las viejas formas no están diseñadas para este nuevo mundo, necesitamos crear lo nuevo.

Nos importa la tierra, nos importa la vida, nos importa la gente, nos importa estar bien. Porque nos importa nos da rabia que las cosas pinten un 2018 muy convulsionado. Está en todo lado, no es cosa de una ciudad, un país. Está en todo el mundo, solo queda informarnos mejor, aprender a no ser tan inocentes cuando algo sucede y a ser más asertivos para lograr un mejor ambiente en medio del caos.

Antes que la discusión política o religiosa, de la teoría y los números, existen seres humanos como vos, como yo y que todos merecemos una calidad de vida. Ese es el principio del activismo, no es para unos, es para todos.

Para todos todo, para nosotros nada.

En 2018, tomemos decisiones.

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