ES LA PARTIDA LO QUE DUELE.

MaRecuerdo llegar al centro cultural de San Isidro, abrir la puerta y lo primero que venían eran los perritos, por la bulla para ver siempre quien era, salía Marcelo, daba la casualidad que cada vez que iba él siempre estaba allí y me quedaba charlando un rato con él… acerca de la vida, los planes, los proyectos que venían, el clima, los mosquitos, de música, los idiomas y tal vez molestar a un par de locos de por allí ‘Mujersota’ me decía y se reía, siempre con una sonrisa, siempre riendo y sacando lo mejor del momento. Cualquier consulta, cualquier duda o requerimiento, el siempre tenía la respuesta, o conocía a quien la tuviese, le emocionaban las ideas nuevas e innovadoras y siempre facilitaba el trabajo, por lo menos conmigo siempre fue así. Siempre con una sonrisa en la cara, proporcionando ayuda a quien la necesitase, promoviendo cultura de Paz.
Cuando alguien tan querido se va, es inevitable llorar, tal vez si se fuese a la China y las posibilidades de verlo fuesen mínimas por lo menos sabríamos que está allí haciendo algo por alguien, otorgando esas risas a muchos más, pero cuando deja este plano sabemos que la única forma de encontrarnos es estando nosotros tambien en ese plano.
Es la partida lo que duele, por que nos llega a nosotros, somos nosotros los que sentimos la ausencia, el vacio es en nosotros, no en el, el, está bien, está mucho mejor de lo que uno puede imaginar, de hecho tal vez nunca estuvo tan bien, ahora tiene acceso a más de ese décimo de consciencia que tenemos los humanos, ahora es un espíritu libre que puede que reencarne pronto como que no, por lo joven que era supongo que estará disfrutando un tiempo en los diferentes planos que ofrece el no estar encarnado, tal vez extrañe comer o dormir, pero las facilidades que existen cuando no se está encarnado exceden a lo que un ser humano puede pensar. El ahora comprende mucho de lo que alguna vez en su vida se cuestionó, todavía nos ronda por que se está despidiendo, no ha terminado de salir de este plano por que muchos le lloran y está bien llorar, por que la partida duele, nos hace recuerdo de lo efímera que es la vida y que por ello mismo tenemos que aprovecharla más, siempre se la puede aprovechar más.
Ahora tal vez nos venga a jalar las patas sólo para que nos asustemos, por que así era él, siempre jugando siempre riendo, para que nos acordemos de trabajar por los demás, de jamás olvidar lo social de este asunto de estar vivos, que como sociedad nos tenemos que ayudar, comprender y respetar, que ninguna razón es validera para estar enojados con alguien más y por más que hayan malentendidos por ambas partes entender que no somos perfectos y probablemente en esta vida no lo llegaremos a ser, cada mundo en su universo, a veces se alinean unos a veces otros, todo es pasajero, cambiante, los significados varían lo que para algunos es un tabú para otros es cosa del pasado, pero sea como sea lo que nos une es ese lado humano que no debemos olvidar, el de hacer bien a los demás, el de compartir amor sin esperar nada cambio, el de emocionarse cuando se sabe que se está haciendo algo para que ese niño en la calle tenga una mejor posibilidad aunque nuestras propias posibilidades tampoco lleguen muy lejos por nuestra historia personal.
La partida de Marcelo tan improvista y rápida, nos deja grandes lecciones: Respetar la vida y aprovecharla al máximo; Ser seres humanos de bien que propongan cultura de Paz; La mala onda dejemosela a quienes quieran lidiar con ello; Lo mínimo que se puede hacer es sonreir.
Ahora dejemosle partir, pues el tiene que emprender un largo recorrido hacia donde tenga que llegar y por más difícil que sea para nosotros que estamos encarnados, lo mejor es estar feliz por él, por que está mas cerca de Dios, por que puede sentir paz y amor en niveles que nosotros no, el no tendrá que sufrir los tantos desastres naturales ni las injustificadas guerras del hombre, el desde donde esté nos lanzará sus risas para darnos ánimos y ayudarnos a seguir con nuestro camino terrenal hacia una evolución personal. No le llamemos a que se quede acá pues se estancará y retrasará su camino a donde tenga que llegar, dejemosle partir, por que en algún momento a nosotros nos tocará hacer lo mismo.
Qué efímera es la vida, pero que latentes son las sonrisas…
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