Battitude

Había sido un jornada de arrepentimiento e inconsciencia.
Su ser magnificado en unas cuantas chelas, solía deambular desolado ante la paupérrima probabilidad de que él, encontrase aquello que tanto buscaba.
– No – Repetía constantemente en su cabeza, veía números que se convertían en estas letras, miraba al cielo y las nubes le llovian pis de pájaros extintos. ‘No es mi día’ pensaba… pero siendo francos nunca lo era.
Y nunca lo era por que el pedía que así fuese…
Su materia gris parafraseaba ‘she said: you aren’t never going anywhere, you aren’t never going anywhere, – I ain’t never going anywhere, I ain’t never going anywhere – ‘ No entendía cual era ese malestar, estaba emputado, pero no se acordaba de qué. Y lo peor era que ni siquiera recordaba por qué lo creía cierto.
Él, sólo tenía un amigo que daba la casualidad que era él mismo, y ese amigo tenía otro amigo, que también era él, sólos los tres caminaban en triángulo, como si de la santísima trinidad se tratase. Su mundo se basaba en él y sólo hacía caso a sus dos amigos, por que nadie más merecía la confianza de ser escuchado. Lo que él no sabía, era que sus dos amigos estaban tan o más perdidos que él.
Su empute de no saber por que estaba emputado se había elevado a una potencia más y se proyectaba a continuar por ese camino. Sus amigos le alentaban a que no siguiera con las cosas, por eso dejaba todo a medias, en medio de la duda e indecisión se pisaba a si mismo, disparaba en círculos para saber si alguna bala le llegaba, golpeaba su cabeza contra la pared esperando que una respuesta salga.
Cómo nada sucedía sometía a la gente a tener que vivir sus delirios, culpaba a su madre por haberle dicho, pero nunca decía qué, entonces atacaba a la gente y les culpaba de sus desgracias.
Eran las 2 am cuando alguien se nos acercó preguntándonos si ese punk venía con nosotros y si lo conociamos, dejamos lo que hacíamos y dimos la vuelta a la esquina, allí yacía sangrando con la cabeza rota y una sombra desaparecía rápido a lo lejos de la siguiente calle.
Un suizo loco de más de 60 que quién sabe por que putas estaba en ese lugar lo dejó donde él quería estar: En el piso.
– ¿Cómo se llama? – Y el silencio reinó, le conociamos, andabamos con él por que era como nosotros en cierto modo, pero nadie supo responder, nadie conocía nada de él más que su apodo que se refería a algo físico y su ‘battitude’ hacia la vida.
Una ambulancia se lo llevó, por el respondió un artesano extranjero de esos que no tienen nada más que hacer, que jamás en su vida le había visto, pero se sintió identificado.
Tal vez, aquella noche encontró aquello que buscaba, sin siquiera saber que se trataba de eso.
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